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Episodio III la Venganza de los Michis   

El gordo violencia

"Los voy a matar a todos"- gritaba El Gordo Violencia apenas recuperaba el conocimiento rodeado por el ecléctico grupo de aventureros. Fortus lo había reconocido cuando el resto se había acercado a rodear al learco caído y lo llamo por su nombre, cosa que no le cayó bien al gordo. 

Al escuchar las amenazas de la bestia, Brahul lo pateo en la nuca pero esto no hizo más que incrementar su rabia. Un poco más atrás Aelos y Ketarios discutían cual sería la mejor forma de interrogarlo una vez que la violencia y las amenazas demostraron no ser efectivos. Mientras tanto Sehan, de semblante desencajado y ojos brillosos, le pregunto a Fortus en una voz burlona "¿Qué es lo peor que se le podría hacer a un learco?" A lo que Fortus, en su inocente forma de ser, contesto "No hay nada peor para un learco que jodan con su pelo. Nuestras barbas y melenas son nuestro símbolo más preciado" a la vez que se pasaba la mano por el lado izquierdo de la cara, donde se notaba que le habían arrancado varios mechones de barba, probablemente durante su tortura. 

Al escuchar el comentario de Fortus Aelos, un poco resentido por el ensañamiento de los learcos en el combate, procedió a desenfundar su hoz. Las pupilas de Aelos se dilataron mientras examinaba el filo de su instrumento con la almohadilla de su garra pulgar, dentro de los gigantes círculos negros se podía ver claramente el reflejo del Learco que rugía insultos y espumaba saliva cada vez que uno de sus movimientos rabiosos provocaba que la trampa le rasgara el cuero y tironeara la carne. Aelos, amenazante y decidido, avanzo hasta el enorme felino y sin una palabra pero con una imagen que exudaba una crueldad pocas veces vista en un búho le corto casi toda la barba con un solo movimiento rasante. 

Esta vez los rugidos y los alaridos tenían un condimento de miedo. Ketarios se adelantó para hablar pero Fortus le recordó que todo iría más rápido sin traducciones, ya que el gordo violencia solamente hablaba learco. Fortus entonces pasó a explicarle la situación, varios miembros del grupo estaban empezando a sentir los avatares del camino y su paciencia estaba agotada. El orco estaba planeando comérselo, el stolasi quería verlo muerto, aunque no sin antes humillarlo y el reuves tenía una mirada cada vez más macabra. "No te queda otra" dijo Fortus con un dejo de compasión frente a quien en otro momento hubiera sido su aliado. "Me cago en vos traidor de mierda" dijo el gordo, "Déjenme ir, cagones" pidió, tratando de mostrar la menor medida de vulnerabilidad que podía. 

Fortus acepto dejarlo ir, antes de escuchar lo que nadie más tuviera que decir. El gordo asintió y los demás empezaron a preguntar al aire mientras Fortus las traducía al learco y revelaba respuestas. A medida que las preguntas fluyeron el felino las contesto todas. Hablo sobre la locación de la gruta donde habían acampado, quienes eran sus líderes, para quien trabajaban, cuantos eran y muchos detalles más, todo mientras escupía y resoplaba de frustración. Una vez terminado el interrogatorio Ketarios llevo al grupo a un costado y les dijo "No podemos dejarlo ir". La mayoría acepto que era la única manera de poder infiltrar la gruta sin que alguien los delatara antes que llegaran, Fortus no decía nada pero se notaba que no estaba muy contento con la decisión. 

Ketarios, ya que consideraba que siendo el único representante del imperio y por consiguiente de la ley, tomo bajo su manto de responsabilidad la ejecución del prisionero. Dejo la mayoría de su equipamiento en el piso menos su lanza y el uso de apoyo mientras caminaba los pasos que lo separaban del learco. Con determinación en la vista pero el pulso temblante se alzó sobre el prisionero y en una pequeña pantomima imperial recito "Bajo la autoridad que determina mi puesto y por la gloria de Aliax te sentencio a morir en la punta de mi lanza" y tomo con dos manos el mango de madera áspera que tenía a su lado, lo apunto hacia la garganta del convicto y arremetió hasta traspasarlo de lado a lado. Después de unos segundos de borboteos Ketarios dio media vuelta y se dirigió hacia el resto del grupo, con la voz débil y la mirada al suelo le pidió a Fortus que lo ayude a tirar los cuerpos al rio. 


Mientras tanto los demás, necesitados de descanso y desahogo procedieron a preparar un festín con el jabalí que habían cazado accidentalmente mientras emboscaban a la patrulla de learcos. Si bien los insectos, que se acercaron gracias a la reciente apertura del cadáver de jabalí, fueron una molestia el humo del fuego que Sehan preparo en la base hueca de un gran árbol termino por ahuyentarlos. Una vez hecho el fuego y preparado el ahumadero improvisado pusieron a cocinar las grandes porciones de lomo y patas de cerdo. 

Una vez que los cuerpos de los learcos caidos fueron deshechados al rio el grupo se sento a disfrutar del festin que los esperaba sobre el fuego. Comieron hasta saciarse, se repartieron la gran cantidad de sobras entre cada uno y retomaron nuevamente la marcha hacia el sur oeste, donde el Gordo Violencia les habia dicho que se encontraba la gruta que buscaban. 

Chamikjuuuungaaaaaaaaaa !

La lluvia se volvia poco a poco mas violenta pero sabiendo que no tenian otra opcion no hicieron caso a las advertencias y apretaron el paso. Brahul y Sehan se adelantaron, como de costumbre, para sondear el camino y evitar sorpresas indeseadas. Pronto los fue tragando la noche y la selva se volvia irreconocible. Al hacer un alto en la marcha Brahul se dio cuenta que ya no escuchaba a los que los venian siguiendo, fue entonces que entendio que se habia perdido y que se habian separado del resto del grupo.

En ese mismo momento Ketarios, Aelos y Fortus empezaban a sentir el olor del mar, poco despues se encontraron con el mar. Ellos tambien se habian perdido dirigiendose hacia el oeste. Mientras la retaguardia se encontraba en la playa la avanzadilla se encontraba cada vez mas perdida, prendieron sus antorchas para tratar de ubicarse y siguieron la marcha sin estar seguros de su rumbo.

Los minutos pasaban y se apilaban junto a la creciente angustia. Mientras tanto Brahul empezo a notar que sus pasos se enterraban cada vez mas en el barro y advirtio la intranquilidad de la pantera que los flanqueaba entre los arboles. Poco despues tanto el como Sehan empezaron a sentir una creciente humedad en las plantas de sus pies. La preocupacion crecia mientras que seguian el paso cada vez mas nervioso pero ninguno rompia el silencio. 

La humedad se convirtio en charcos en los que chapoteaban los apresurados trancos. Solamente se escuchaba la lluvia torrencial y dos distintas cadencias, una pesada y energetica y otra minuscula y frenetica. El agua empezo a taparlos lentamente mientras que cada movimiento se volvia cada vez mas trabajoso. La pantera trepo de una corrida un arbol y empezo a transitar entre las ramas en el mismo sentido que corria el agua. Sehan estaba tapado hasta el ombligo cuando llego a la conclusion que dentro de poco no tendria otra opcion que nadar por lo que empezo a prestar atencion a todo lo que pasaba flotando a su alrededor, tratando de encontrar algo que pudiera soportar su peso sin hundirse. Brahul se abalanzaba con la mirada fija al frente.

Por esos momentos el grupo de retaguardia empezaba a notar la corriente que se acercaba desde el interior de la selva y despues de cruzar algunas concisas palabras se decidieron a buscar algun tipo de refugio en altura. Marcharon raudamente haciendo rapidas paradas para subir a los arboles intentando encontrar donde resguardarse.

En una de las incursiones de altura, Aelos visualizo unas grandes piedras que se alzaban casi hasta las copas de los árboles y en su punto más alto localizo una abertura a lo que parecía un pequeño recoveco que podría servir como refugio. El clérigo entonces dio aviso a sus dos compañeros y a fuerza de escalada y con un poco de ayuda de la gran soga que habían fabricado para cruzar el rio pudieron guarecerse a medida que el crescendo de la tempestad llegaba a su pico más alto.

 

Brahul empezaba más a nadar que a caminar cuando vio pasar flotando a una gran rama con un bulto en el medio. El pequeño bulto se encontraba en uno de los costados de la rama y constantemente luchaba para estar por encima de la misma. Cada vez que lograba posicionarse fuera del agua la rama giraba y lo hundía por debajo de la superficie. 

Notando el forcejeo del reuves para mantenerse a flote y que la crecida parecía no tener un fin cercano, Brahul empezó a sondear los arboles cercanos mientras marchaba chapoteando. El orco buscaba una rama lo suficientemente cercana al suelo como para poder utilizarla para escalar un árbol cercano. Mientras que buscaba recordó a Aelos y pensó en lo fácil que sería para el escapar de esta inundación. La frustración lo empezó a envolver y la única manera que encontró para contrarestarla fue empezar a gritar desaforadamente. 

 

"¡PAJARO DE MIERDA!", resonaba entre la selva. "¡Pájaro de mierda!" otra vez recorría entre los árboles y el sonido de las gotas que golpeaban sobre el agua y las hojas. Sin notar nada de esto los tres miembros de la retaguardia se encogían para poder encajar entre las piedras pensando que lo peor ya había pasado. 

La rama que llevaba el bulto se había adelantado lo suficiente para perderlo de vista, Brahul bufaba entre manotazos que resbalaban sobre la corteza del árbol que estaba tratando de escalar. Con mucho esfuerzo había llegado casi hasta lo más alto de la selva. En esas alturas las ramas se entretejían formando sinuosos recorridos llenos de musgo húmedo y la enorme posibilidad de caerse. Pese a esto Brahul comenzó cuidadosamente su recorrido hacia el oeste. Después de un rato de trasladarse lentamente, el explorador tomo confianza y apuro el paso, dejando de tomar las precauciones que había tomado previamente. 

 

Ketarios empezó a preocuparse, se preguntó si los miembros restantes estarían bien o si necesitarían rescate. Aelos le dijo que probablemente estarían bien, que lo más inteligente seria quedarse en el refugio hasta que el agua terminara de escaparse hacia el mar. "Tampoco puedo volar en esta tormenta" comento, por lo que no sería de ninguna ayuda. El honor del soldado Aliasino le picaba atrás de la garganta, lo habían entrenado para no dejar atrás a sus compañeros y esta situación lo enfrentaba contra su instinto y sus valores. Trato de posicionarse con la cabeza fuera de la abertura entre las piedras para tratar de ver u oír algún indicio. La lluvia se amontonaba en sus cejas y rodaba cuando estas ya no podían sostenerla, lo que dificultaba la visión del elfo. Las grandes hojas de los arboles retumbaban mientras las gotas redoblaban en su superficie y complicaban la percepción. 

Ketarios sintió la garra de Fortus en su hombro y al acomodarse para verlo noto la mirada de concentración del learco. Fortus miraba perdidamente al piso hacia su izquierda mientras su oreja crispada se movía rápidamente.

"Qu..." Llego a decir el elfo antes de escuchar un débil gruñido y sentir la garra de Fortus apretando con más fuerza. "Escucho algo" dijo el learco, "Viene más o menos del noroeste" y volvió a concentrarse en las piedras que tenía a sus pies. "No llego a...." y largo una pequeña risa de alivio. "Parece que el orco está cerca pero está complicado" termino por decir, sin aclarar las palabras que escuchaba. Ketarios en seguida volvió a adentrarse en la pequeña cueva para buscar entre su mochila algo que les pudiera servir, "Dejen todo lo que no sea necesario y síganme" ordeno. 

Aelos, firme en su posición se negó. "No podemos hacer nada y nos vamos a terminar ahogando nosotros también" justifico. Ketarios lo miro con un poco de desprecio, "cobarde" pensó para sí mismo, se dio vuelta y palmando en la espalda a Fortus procedió hacia la entrada. Cuando llego lo miro a Fortus y le dio la orden para que se quede en la entrada y atara uno de los extremos de la larga soga que los había salvado al cruzar el puente en algún punto cercano. "Cuando te digo vos tira" dijo el soldado sin mucha explicación tratando de acortar los tiempos.


Un soldado aliasino deshonrado y un learco con conciencia moral formaron el equipo de rescate. Ketarios procedió a dejar todo su equipamiento en el refugio, tomo el otro extremo de la soga, se la ato a un pie y deposito cuidadosamente su escudo en el agua. Al ver que el gran escudo de madera flotaba bastante bien se montó sobre él. Si bien el escudo no lo mantenía totalmente fuera del agua, evitaba que se hundiera y le ayudaba a nadar los pequeños trayectos entre rama y rama. Ketarios se aferraba una tras otra vez a cada árbol luchando contra la corriente hasta que escucho claramente. "¡PAJARO DE MIERDA!" 

"La puta madre" pensó Brahul mientras caía golpeando contra las ramas sin poder hacer otra cosa que dar pequeños alaridos que se cortaban cada vez que un golpe le sacaba el aire. Le pareció que había caído bastante tiempo pero no podrían haber sido más de unos segundos. Al aterrizar en la corriente el ímpetu de la caída lo hundió algunas cabezas por debajo de la superficie. Mareado y desorientado braceaba y pataleaba buscando aire. El agua turbia y llena de ramas no le permitía discernir donde era arriba ni abajo y el esfuerzo no hacía nada para ayudarlo. La corriente lo golpeaba contra los troncos sumergidos y maltrecho como estaba por un momento dejo de pelear.

Ya sin fuerza y sin pensarlo claudico su vida al violento torrente. Esta inacción hizo más por su supervivencia que toda la energía que gasto tratando de pelear. Poco a poco su flacidez lo llevo a flotar hacia la superficie y en una reacción inconsciente todo su cuerpo se movilizo en un movimiento espasmódico para encontrar aire. Las grandes bocanadas le devolvían de a una la vida al cuerpo.

Ya de nuevo entre los vivos, el orco, mareado y perdido, empezó a buscar algo de donde aferrarse. La primera rama que agarro, se partió casi disolviéndose en pequeños pedazos saturados de agua. La segunda vez tuvo un poco más de cuidado y cazo una rama que estaba aproximadamente a un cuarto de paso de la superficie. Esta rama resistió, pero el orco seguía estando en una situación muy precaria, la fuerza se le escapaba y su conciencia amagaba a perderse entre la correntada. 

De Brahul se pueden decir muchas cosas, pero nadie puede afirmar que a ese orco le falta fuerza de voluntad. El tedio en el que se encontraba lo motivo todavía más a sobrevivir y empezó a sacar fuerzas de todos los lugares que podía. Paso por varios estadios emocionales, entre la incredulidad y la desidia pero al final lo que lo salvo fue la rabia. Se acordó de Aelos y como el hombre alado podría haber zafado de todo esto con un par de aletazos y eso lo sobrepaso. "¡PAJARO DE MIERDA!" volvió a gritar. Una vez y otra vez, sintiendo como el enojo le calentaba el pecho y le reforzaba la mano que ahora apretaba esa rama comprimiéndola. Cada grito lo llenaba de resolución. "Si salgo de esta cuando lo vea al pajarraco ese lo pongo" pensó justo antes de que su último grito fuera interrumpido por un redoble de castañuelas.

Lo que pensó era su salvación era en realidad una piltrafa húmeda y magullada que tiritaba bajo su capa cual, gracias a la corriente y los golpes, volvía a tornarse de color negro. El bulto oscuro se aferraba a la corteza del árbol en el que se había podido asegurar. Se encontraba unos 20 pasos en dirección contraria a la corriente y entre castañeos de dientes preguntaba "¿Es..tas....Bbbi..i..ennn?".

Brahul afirmo con la cabeza y un resonante SI y devolvió la misma pregunta. Recibiendo una respuesta idéntica a la suya. "Aguantemos acá" le pidió Sehan, afirmando que la lluvia había terminado hacia un rato y si tenían paciencia el agua desaparecería de a poco. Brahul acepto moviendo con la cabeza, pensando para sí mismo que no sabía si llegaría a aguantar tanto. El orco estaba agotado, su voluntad era lo único que lo mantenía. No había manera de que pudiera treparse a ningún lado y el nivel del agua no parecía estar bajando lo suficientemente rápido. Sabía que era muy probable que terminara por fallarle el cuerpo y de ahí no quedaba otra salida que tragar la mayor cantidad de agua posible para no alargar el sufrimiento. Con esto en mente se empeñó por resistir todo lo posible y para no afectar negativamente el estado mental del reuves le siguió el juego. 

 

Brahul cerró entonces los ojos y tomando toda la fuerza que le quedaba grito otras dos veces más. A medio camino del segundo mierda, escucho un chapoteo que no encajaba y al subir la mirada vio la masa de rojo y amarillo gastado que se movía de árbol en árbol.

 

Ketarios había estado siguiendo los gritos, los brazos le ardían de bracear y estirarse para poder asirse de cualquier cosa que lo ayudara a desafiar la corriente. Tenía las palmas de las manos raspadas y cortadas por agarrarse fuertemente de las cortezas ásperas e irregulares. Pero por más degradado que estuviera, seguía siendo un soldado y como tal llevaba consigo un valor personal que lo movilizaba a dar todo lo que tenía en pos de su ideal de honor. El elfo se enfrentó al dolor, el cansancio y las inclemencias de su tarea pero al fin logro llegar hasta Brahul. El orco abrazo endeblemente al elfo, una imagen que poco vista en las tierras de Fralia. Ketarios entonces desato la soga que tenía sujeta al pie y rodeo al orco. Lo ato lo mejor que pudo y entre tironeos y gritos dio señal a Fortus para que haga lo suyo. 

 A la poca distancia, se encontraba el reuves. Ketarios lo insto para que bajara de su posición elevada y usara la corriente para acercarse hasta él. Sehan descendió inciertamente hasta quedar flotando en la superficie, como lo hizo previamente utilizo una rama para nadar lo más cerca que pudo y después de algunas maniobras se aferró al escudo del elfo. 

En los primeros pasos del trayecto se volvió obvio que la corriente no le permitiría al reuves permanecer a flote. En el pequeño recorrido se la paso la mayoría del tiempo tragando agua y no pudiendo sujetarse al escudo. Ketarios entonces lo subió a sus espaldas para evitar perderlo pero inmediatamente se hundieron.

Ketarios entonces los acerco a un tronco cercano y al tanto que revolvía la mochila de Sehan, iba descartando las cosas que podían permitirse perder. Así se fueron varias bolsas de carne de jabalí y algunas chucherías de cerámica que el reuves veía ir con tristeza. Si bien el resultado no fue estrictamente algo que flotaba, les permitía hacer el viaje de vuelta sin que ninguno se ahogara. La vuelta fue mucho menos tortuosa gracias a la locomoción que les proveía la corriente y poco después se encontraba el grupo entero bajo refugio, si bien maltrechos pero enteros.

Dedicado a todos los hinchas de central que van a la cancha y al gordo violencia, que siempre estara en nuestros corazones.

Continua en la parte 6: El retorno del gordo violencia.

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