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Episodio I la amenaza panchasma

Bariazal y el camino hacia Ramchet

Mientras Phrensis llegaba al segundo acto del monologo insoportable que había empezado hacia 6 horas el grupo da los primeros pasos dentro de Bariazal, en el círculo exterior de la ciudad se encuentran las casuchas y asentamientos de los esclavos humanos que trabajan en los campos de yerba mate que están fuera de la ciudad, por las calles y los pasillos circulan filas de humanos mientras los guían sus amos leanos y aliasinos, algunos de los felinos aúllan insultos y dan latigazos a los humanos rezagados. El grupo nota todo esto y avanza con cuidado ya que entre sus filas hay dos esclavos que escaparon de sus amos hace tiempo. Se dirigen hacia la centralidad de la ciudad buscando algún lugar en donde descansar del viaje y conseguir información y la posibilidad de algún trabajo u oportunidades que les permitan ganar unos glarios y no pasar hambre. 



Llegando al centro de la ciudad se encuentran frente a las barracas con un tumulto iracundo que parecía próximo a explotar y se acercaron siguiendo la iniciativa de Phrensis. Al adentrarse en la multitud ven a un Elfo Aliasino dando gritos y tratando de pacificar a la turba. Phrensis, incauto como siempre, increpa al elfo demandando saber cuál es el problema. Al ver esto algunos de los soldados aliasinos que rodeaban al Oficial Aliasino toman posición defensiva, el resto del grupo le aconseja al humano que deponga su actitud y a regañadientes este lo hace. Unos momentos después algo sucede entre la multitud y esta se dispersa, quedando el grupo frente al Oficial y sus soldados. Ketarios, un soldado aliasino que había sido mandado a esta ciudad fronteriza como castigo a dios sabe que, avanza y da su parte al Oficial, quien los hace pasar a las barracas y aprueba la transferencia de Ketarios. Una vez integrado a la unidad, el elfo se presenta como Siuan Goas como esperando que supieran quien era, Ketarios conocía las historias del gran general de la campaña de Szer Neas pero el resto lo miraron perplejos y algunos con un poco de fastidio. El general paso a contarles que tenían algunos problemas con los Feacios de la ciudad y su trato de los esclavos, sin contar los bajos números de soldados a su disposición. No solo eso sino que también estaba acomplejado por la falta de comunicación con el poblado cercano de Ramchet, en donde Libi Tareg, una vieja amiga, cumplía el cargo de gobernadora. La falta de comunicación, dijo Siuan, era extraña y un mal presagio ya que normalmente la información fluía con bastante rapidez y eficiencia entre los dos gobernantes.

Todo esto era la introducción a una oferta, el general les ofreció un trabajo al parecer simple. Deberían marchar hacia Ramchet, determinar la situación del poblado y su gobernadora y retornar con esa información hasta Bariazal en donde una vez cumplida la misión se harían propietarios de una suma de 500 glarios cada uno, nada ostentoso pero para un grupo de muertos de hambre, exiliados, escapados y marginados no era poca cosa y el trabajo sonaba fácil. Dos días de caminata de ida, dos días de caminata de vuelta y puf! 500 glarios en el bolsillo. 

Aceptaron con un dejo de desconfianza y se tomaron el resto del día para preparar las provisiones y el equipo. La mayoría fue al mercado para sacarse de encima el peso de algunos artículos que consideraban innecesarios para el viaje. Sehan, un reuves un poco más pequeño que el promedio, utilizo el tiempo para ir en busca algún establo que les alquilara una mula para transportar el equipamiento y las provisiones que les había ofrecido el general Goas pero no tuvo suerte ya que era tiempo de cosecha y la mayoría estaban siendo usadas en los campos.

Descansaron por esa noche en las barracas y se dispusieron a la marcha apenas salido el sol. Unas horas después de haber encausado la caminata Aelos, un extraño hombre búho que al principio había causado mucha extrañeza en el grupo, se ofreció a adelantarse para reconocer el camino y ver si los esperaba algún peligro. El resto del grupo aprecio el gesto y quedaron en que no deberia adelantarse más de 1 hora del resto, así lo podrían alcanzar fácilmente en caso de que tuviera algún problema. Una vez que Aelos llego al límite de lo que se podía separar del grupo y notando que la falta de agua pronto sería un problema debido al calor intenso que los asediaba decidió  usar el tiempo que tenía para recolectar unos cocos que había visto apenas dentro de la selva que rodeaba el camino. Utilizando una sábana que tenía en su mochila fabrico una especie de hamaca en donde dejo caer los cocos mientras los liberaba del cocotero con su pico. Una vez que estaban todos los cocos en la sabana la ato en un saco y la dejo al lado del camino y se subió a las ramas bajas de un árbol para esperar al resto del grupo. Mientras esperaba una serpiente lo sorprendió, en la conmoción no tuvo mejor idea que atacar a la serpiente pero por lo frenético y espasmódico de sus ataques no pudo acertar ninguno y a su vez la serpiente tuvo la oportunidad de morderlo varias veces. Viendo que estaba en una situación difícil, Aelos decidió bajar del árbol en donde estaba. 

En eso llegaba el resto del grupo, preocupados por la consternación del gran ave le preguntaron que había pasado y Aelos dio el parte de lo sucedido. Asustado pero en buen estado decidió seguir camino, ahora con más provisiones. Siguieron marchando hasta que empezó a oscurecer, con el camino a oscuras decidieron seguir caminando un tramo sin antorchas hasta que fueran absolutamente necesarias. Poco después empezaron a escuchar chirridos y aleteos a su alrededor, a medida que iban avanzando el sonido se acrecentaba hasta que al dar un paso que aterrizo sobre una rama partiendola, una nube negra de murciélagos los ataco y todo el grupo corrió. Bueno, no todos, Phrensis desenfundo su mandoble y no tuvo mejor idea que empezar a girar en su propio eje mientras revoleaba la enorme espada. Después de unas vueltas y notando que este curso de acción terminaría probablemente en su muerte Phrensis empezó a correr a los gritos y prontamente alcanzo al resto del grupo. Aelos y Brahul, que eran los dos más interiorizados con lo natural, prendieron sus antorchas y las agitaron tratando de ahuyentar a los murciélagos y fue efectivo con los que ya los estaban persiguiendo pero los murciélagos que traía Phrensis con el estaban notablemente más enojadas y el fuego no los amedrentaba. Aelos entonces hizo una serie de movimientos con las manos, murmuro unas palabras y luego paso a emitir una serie de chirridos ensordecedores que hicieron retroceder a la nube azabache. Aelos luego explico que el era un clerigo y dentro de los hechizos que había aprendido se encontraba uno que le permitía hablar con los animales y lo había utilizado para pedirles perdón por el gratuito ataque de su compañero.



La noche seguía oscura pero ahora caminaban bajo la luz de dos antorchas, siguieron marchando un tiempo para tratar de llegar lo antes posible y poder cobrar su recompensa pero una luz en el camino les llamo la atención. Rápidamente apagaron las antorchas, Brahul y Sehan decidieron que lo mejor sería que ellos, mas tenían mayor facilidad para escabullirse deberían ir a ver qué era lo que sucedía mas adelante. Caminaron por la oscuridad algunos metros, Sehan no veía absolutamente nada e iba bastante más lento y en la retaguardia del binomio. Sin que se diera cuenta, una gran araña se posó sobre la cabeza del reuves. Brahul intentó comunicarle este hecho pero Sehan no lo escucho. Segundos más tarde la sintió moverse sobre su cabeza, que estúpidamente había dejado al descubierto, el pánico lo inmovilizo completamente y por algunos minutos permaneció prácticamente petrificado hasta que la araña se posò en su cara, sin poder aguantar un segundo más pero temiendo la represalia de la criatura si intentaba removerla no le quedó otra idea que dejarse caer. La caída pareció pasar en cámara lenta, a la mitad del trayecto la araña salto de manera casi ingrávida hasta un árbol cercano dejándole a Sehan la vista libre para apreciar el resto del descenso hasta el suelo en donde se partió a nariz. Mientras tanto Brahul eficientemente reconocía el campamento que emitía la luz que habían visto desde el camino. Conto 11 personas y 3 caballos, lamentablemente poco después llego el reuves detras de el haciendo una gran cantidad de ruido mientras de movía y revelando su posición al grupo de bandidos. 

Los bandidos dieron un par de gritos entre los cuales llamaban a matar, desollar y robar a quienes estuvieran cerca, por lo que los 2 miembros del equipo de avanzada se dieron a la pavorosa tarea de correr como pollos sin cabeza hacia el resto del grupo. Pudieron sacar un poco de distancia pero tuvieron también la tarea de informarle al resto que habían llamado la atención de un gran grupo de bandidos que venían hacia ellos con muy malas intenciones. Con el poco tiempo que tenían algunos se subieron a los arboles desde los cuales trataron de razonar con los bandidos pero Phrensis no parecía estar de acuerdo con sus demandas y amenazo con decapitarlos a todos si no se iban. Así fue que comenzó el combate. Sehan y Brahul utilizaron la cobertura de los árboles para atacar con arco y flecha a los rezagados y Phrensis, Ketarios y Aelos cayeron desde los arboles sobre Gin, el líder de los bandidos. La lucha fue ardua, algunos de los bandidos fueron cayendo debido al azote de las flechas que caían de los árboles. Gin estaba bastante golpeado después de los primeros ataques pero contraatacó duramente y sus números fueron rodeando a los 3 guerreros que estaban en el camino. Por suerte Pudieron abatir a Gin antes de perder a algún aliado y utilizando la caìda de su líder como palanca Phrensis intimido al resto de los bandidos para que se rindieran. 

Quedaban todavía 8 bandidos, mientras el grupo juntaba sus armas y saqueaba los cuerpos de los caídos algunos les contaban quienes eran y por qué estaban ahí. Resulta que eran un grupo de marginados que no tenían fuentes de comida ni recursos por lo que Gin, quien vivía maltratándolos, los había reclutado en su banda de maleantes y que no tenian otra opcion porque eran hombres buscados con recompensas sobre sus cabezas, a lo que Aelos respondió cortando las cabezas de los caídos y guardándolas en el saco de los cocos. 

Phrensis, diplomático como siempre, amenazo a los bandidos restantes y les comunico que pasaria a ser su ejército personal. Después de lo cual comenzó un monologo de 4 horas en el que contaba este hecho como el comienzo de su imperio interminable. Todos los demás intentaron dormir durante la noche.



Llegada la mañana cargaron el botín: algunos linotorax, provisiones, equipamiento y las cabezas de los caídos en las bolsas de los caballos, luego montaron y se dieron al camino con el nuevo ejército a sus espaldas. Marcharon con urgencia hacia Ramchet ya que tanto Aelos como Brahul les habían advertido de la cercanía de una gran tormenta. Así fue casi todo el resto del día. Hasta que por fin llegaron a Ramchet, o mejor dicho lo que quedaba de Ramchet. El pueblo había sido arrasado y muchas de sus estructuras habían sido incendiadas, había algunos cuerpos en las calles pero ninguna señal de sobrevivientes. El grupo se dividió para buscar posibles señales de los pobladores y si bien ubicaron varios edificios intactos no encontraron a nadie dentro. Exhaustos por el día de marcha apurada decidieron descansar.

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